Son las ocho de la mañana. Hora punta. Los automóviles se toman las calles de la ciudad. Los peatones cruzan como pueden y los autobuses se encuentran una parada abarrotada porque llegan con retraso. Demasiado ruido, paradas y acelerones, es el caos habitual de cualquier día en una gran urbe. Pero estamos acostumbrados o, mejor dicho, resignados.Ahora imaginemos una ciudad sin atascos, con un transporte público eficiente y eficaz, con menos contaminación generada por los coches, con espacio por el que los peatones circulen sin sobresaltos y donde los ciclistas no tengan que encomendarse a la suerte para llegar a cualquier sitio sin incidentes. Dicen que soñar es gratis. O no.Porque la solución a todo ellose llama«movilidad sostenible» y tiene, eso sí, precio: económico, social y también político, porque conlleva la puesta en marcha de medidas, de alguna forma, impopulares.
No obstante, y a la luz de que cada día las ciudades se vuelven más insostenibles, muchos gobiernos europeos llevan años apostando por un cambio de mentalidad y de hábitos en pro del transporte público y de otros no motorizados en detrimento del coche privado. Y no es para menos: la mitad de las emisiones de CO2 generadas por los automóviles provienen del tráfico en las ciudades. Comentario de ROSARIO BARROSO escrito en La Verdad.es











